Euskal Memoriako blogak

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La insoslayable memoria

2017-12-22

Mikel Sorauren - Historiador

Con relativa frecuencia el recuerdo me trae la imagen de los momentos dramáticos, vividos por nuestras gentes en tantas ocasiones de nuestra historia. Defensores de Amaiur sin opción de supervivencia, el Mariscal Pedro de Navarra al ser ajusticiado; más cercanos a nuestra época, los voluntarios en rebelión contra el altivo Napoleón o en frente de los militares españoles encargados de sojuzgar a los navarros que se resistían a perder la libertad foral. Finalmente -ya junto a nuestros días- intento contemplar a aquellos hombres y mujeres, a quienes los secuaces de Mola y Garcilaso, de Franco y Rodezno, consideraron debían ser exterminados, con el fin de extirpar de raíz la mala hierba que, daba la sensación, terminaría por ahogar los beneficios que obtenían todos ellos por detentadores del poder y explotación del sistema social y político vigente. 

Evoco el sufrimiento de Maravillas Lamberto, niña, mujer y rebelde frente a unos hombres decididos a hacer el mayor daño con prepotencia, escarnio y sadismo; el sentimiento de desamparo e impotencia, tras contemplar a su padre llevado al paredón, mientras sus verdugos se regocijaban denigrándola, quizás calificándola de puta; precisamente quienes mayor responsabilidad tienen en la existencia de una lacra que denuestan por contraria a sus valores cristianos…

La angustia que, es previsible, llegaron a sentir los asesinados, sin duda era acentuada al pensar que nadie llegaría a conocer el tormento a que se encontraban sometidos. Lo mismo debieron sentir los varios miles de navarros asesinados en el 36, cuando comprendieron que sus verdugos recurrían al secretismo, la nocturnidad y la mentira, porque entendían que la ocultación de la verdad facilitaría su objetivo de erradicar la mala hierba. Era fundamental la tergiversación de la realidad, con la mirada puesta en que la colectividad no tomara conciencia de que los exterminados sostenían unos valores de libertad y solidaridad, que significaban el beneficio para el conjunto; particularmente de quienes, tal vez, no advertían que los dirigentes ocultaban intereses egoístas detrás de unos aparentes valores sublimados con la referencia al orden, la paz, Dios…

Si quienes sufrieron la injusticia de la muerte y represión, hubieran podido conocer que el tiempo anularía los esfuerzos de los verdugos para mantener oculta su fechoría y ellos -las víctimas- conseguirían no únicamente ser reconocidas y que la sociedad de la que fueron arrancados, por la inconsciencia o temor de muchos cercanos, terminaría por reivindicar su honestidad y convertirlos en referente, no dejarían de experimentar un alivio decisivo. La historia terminaría por absolverlos, como ha absuelto a tantos perseguidos y masacrados, gracias al esfuerzo de las gentes solidarias con quienes se identificaban.

Francisco Franco, comandante general de Canarias, en una premonitoria comida con sus oficiales a principios de julio de 1936, días antes del golpe de estado. 

 

Más todavía, los enaltecería, porque la mayoría de ellos no quedaron reducidos a víctimas aleatorias, sino que fueron acreedores al heroísmo. Fue su actitud de solidaridad, de amor a la libertad colectiva, de implantación de la justicia, la razón por la que fueron elegidos por los verdugos. Quienes en la actualidad reivindicamos su memoria, no limitamos nuestra reivindicación a que se aplique correctamente la justicia. ¡Este no es sino el primer paso! Reivindicamos por simple sentido equitativo a quienes asumieron su sacrificio personal, pero entendemos debe ser reparado el mal hecho a su memoria, para satisfacción de sus allegados y remordimiento de los verdugos y quienes hoy en día los defienden y siguen empecinados en que la actuación de estos fue correcta.

Repudiamos todo planteamiento que intente mantener el olvido con excusas de toda índole, argumentando que el tiempo pasado ha llevado a la prescripción del crimen. En la misma línea se rechaza la reclamación del olvido, porque el recuerdo implica reabrir heridas hace tiempo cerradas. No compartimos tales puntos de vista, por entender que unos crímenes de esta índole carecen de prescripción, las heridas no están curadas, al no haberse dado la correspondiente satisfacción, mediante la reivindicación de las víctimas y el reconocimiento de sus allegados que además de la pérdida de los suyos sufrieron el desprecio y persecución de parte de sus agresores. Últimamente, se impone el recuerdo colectivo de estos acontecimientos, los sucedidos en tiempos cercanos y otros de tiempos históricos más lejanos.

Es la memoria colectiva que nos muestra los esfuerzos realizados por quienes en momentos decisivos para la colectividad reclamaron la libertad y justicia como patrimonio de todos. Pro Libertate Patria, Gens Libera State… Constituye un principio definido por nuestros antecesores, reflejo de la disposición que ha manifestado la Nación Navarra hasta nuestros días. En él encaja todo gesto individual y colectivo de los navarros que han luchado por la libertad en sus diferentes facetas hasta nuestros días. Es muestra de nuestro homenaje a todos ellos y evidencia de nuestra disposición a la defensa de nuestra libertad nacional y solidaridad con quienquiera que reivindique la suya propia. ♦